Saturday, February 20, 2010

Por eso escribo

Es una etapa de sequía, supongo. Me imagino que aún tengo muchas cosas por decir, pero no sé qué, no en este momento.

Usualmente no escribo cuando estoy feliz, porque cuando me siento feliz prefiero vivir la felicidad en vez de escribir sobre ella. Pero no estoy feliz, tampoco por ahí se puede explicar la ausencia de ganas. Quise tomar un helado de chocolate y cereza esta tarde. Caminé durante una hora hasta la heladería, pero no había helado de chocolate. Lo único que se puede pensar en esos momentos es ¡Puta madre! ¿ni un helado de chocolate?

Y es que me siento en una fase extraña, aunque no del todo desconocida. En este momento de mi vida no sé qué quiero, mis metas son terrenales, banales, humanas, demasiado humanas. Es como si el sueño de cambiar el mundo se hubiese quedado dormido entre las cuentas por pagar y el saldo en cero de la cuenta bancaria.

¿Cuánto vale un sueño?

Regularmente escribo porque pienso que en algún punto de la historia, en algún lugar del mundo, alguien va a leerme y va a sentir esa suerte de revelación que Yo sentí cuando leí a otros. Escribo porque creo que alguien, al leerme, se va a sentir acompañado de espíritu, va a sentir “no soy el único que piensa así”. Así creo Yo que se cambia el mundo.

Un amigo quiere escribir, pero teme parecerse a otro tío ya famoso, teme que lo comparen, que lo juzguen por ordenar su libro como lo ordenó ese fulano. Y claro, tratándose de un mundo donde castigan al original y al que no lo es, pareciera mejor no decir nada, cerrar la boca y la mente para no ser juzgado.

Hace poco una chica me decía que me estaba volviendo repetitiva, que mi Teología Pedrociana no tenía nada de original, que otros ya habían dicho lo mismo hace mucho tiempo y que mis análisis tipo Sex and the city se estaban tornando aburridos. La verdad, después de pensar seriamente lo que me dijo, porque siempre analizo las críticas sin importar de dónde vengan, pensé que en realidad me importa un culo su opinión, pero aprecio su intento humano, demasiado humano.
¿Ideas originales? No sé si las hay, no me importa. Quizá el ser humano es tan estúpido que pese a los siglos que lleva escuchando el mismo mensaje no lo aprende, o no le importa o no lo entiende.

La gente se ocupa mucho de la originalidad… ¡pero terminan todos siendo iguales! Se visten igual, se peinan igual, opinan igual, escuchan la misma música, leen lo mismo... pero prefieren no decir nada que vaya a atentar contra la originalidad del pensamiento. La gente no escribe porque tiene miedo de la forma, les preocupa la forma, asumen que el fondo está bien, pero necesitan perfeccionar la forma. No estoy en contra de aprender a escribir, pero ¿para qué ponerle camisas de fuerza a la imaginación?

Últimamente la gente me parece muy fea, muy estúpida, poca cosa para ser más exacta en mi apreciación. Últimamente escucho una voz dentro de mi cabeza que me habla mientras trato de escuchar a los demás, que se burla de ellos y trata de hacerme reír mientras Yo procuro mantener la sobriedad en mi rostro, en ese rostro que ven los demás.

He conocido muchos predicadores, gente que sabe cómo se arregla una sociedad, pero que hacen todo lo contrario a lo que dicen. He visto demasiadas máscaras a punto de desmoronarse, me da grima, uso la mía y salgo corriendo en la primera oportunidad que tengo para reírme a carcajadas de los demás o verme al espejo mientras pongo cara de desprecio.

Y entonces me doy cuenta de que no siempre quiero estar sola… y aquí hay un ejemplo del uso del “de que”… ¿será correcto o no? Lo cierto es que hace falta alguien, un amigo, un cómplice, para compartir esto.

Pero soy optimista, creo que en cualquier momento mi sombra se va a despegar de la pared y se va a sentar frente a mí, va a servir un par de copas de vino tinto, encenderá un cigarrillo y me mirará en silencio, antes de soltar una carcajada. Abrazaré a mi sombra, besaré sus pasos, beberé sus exhalaciones y seremos mi sombra y Yo, caminando por una hora a la heladería a ver si conseguimos el helado de chocolate.

Por eso escribo. Con sentido o sin sentido, original o no, escribo.

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